jueves, 29 de mayo de 2014

Reseña Informativa:

¿Qué es VeneciArt?
VeneciArt es un proyecto realizado por Andrés García y Nélson Moreno con carácter artístico y social 
en el Colegio Venecia IED para los estudiantes del ciclo 3° dónde se trata de frenar una amenaza silenciosa y latente que es el deterioro visual producida por el mal concepto del Graffiti.


MISIÓN:
El proyecto VeneciArt quiere generar conciencia y orientación sobre el daño visual que afecta al colegio por el uso e interpretación del Graffiti en los estudiantes del ciclo 3º por medio de actividades y charlas para generar dicha conciencia y así comenzar a detener dicho problema.

VISIÓN:

El Proyecto VeneciArt tiene la intención además de ser reconocido y apoyado en el Colegio Venecia es cumplir dichas expectativas que se están creando desde ahora generando cambios en la institución.


¿Quiénes Somos?
Este proyecto está siendo ejecutado por Nélson Moreno y Andrés Garcia, ambos estudiantes de Undécimo. 


Andrés Garcia (Arriba) próximo estudiante a
arquitectura y Nélson Moreno (Abajo) será próximo estudiante a Diseño visual. Ambos 
con las mismas metas y con todo el empeño
para desarrollar el proyecto










viernes, 9 de mayo de 2014

Noticias.

-Página 3 del Publimetro 1°de Julio del 2014:


1-BOGOTÁ ESTÁ ENTRE LAS 20 CIUDADES DEL MUNDO CON MEJOR ARTE CALLEJERO 
CARTELURBANO.COM

Este es un reconocimiento a todos los artistas que han dedicado su tiempo y dinero a embellecer los muros de la ciudad. La semana pasada se publicó un listado con las veinte ciudades del mundo que tienen el mejor street art, y en esa lista figura la capital colombiana.
Bored Panda, una revista dedicada a la investigación y propagación de artes visuales y diseño, distribuida en EEUU, Inglaterra y Canadá, elaboró un ranking que exhibe el mejor arte urbano alrededor del mundo.
Colombia se codea en la lista con Polonia, República Checa, Inglaterra, Brasil, Argentina y Chile, entre otros.
Desde hace varias décadas, artistas le han otorgado a espacios exteriores estériles un lenguaje propio, basándose en el día a día y en las realidades sociales y/o políticas de su contexto.
En el caso de Bogotá, buena parte de la ciudad se encuentra cubierta de arte callejero. En Kennedy, Suba, Barrios Unidos, La Candelaria, Plaza de la Concordia, El chorro de Quevedo, Chapinero, la calle 26, la carrera séptima desde la calle 50 hacia el sur, entre otras zonas, se ven muros adornados de todos los tamaños y colores.
Resulta gratificante, a pesar de los últimos inconvenientes (algunos mortales) con las autoridades del estado, entrar en el listado ya que estas manifestaciones son, en su gran mayoría, la voz de una población inconforme que está buscando un cambio por medio de la reflexión.





2-Los Graffitis que se borraron en la calle 26 no estaban autorizados
El alcalde Rafael Pardo, en conjunto con la Policía Metropolitana de Bogotá, ordenó borrar solo los grafitis que no habían sido autorizados por el Distrito, es decir, aquellos que se habían plasmado en la infraestructura urbana de la calle 26, violando la normatividad.
Contrario a lo que muchos pensaron, las autoridades respetaron los murales que habían sido pintados y diseñados por cinco grupos de expertos en arte urbano (Street Art, M30, 20.26 DC, Vértigo Graffitti y Bicromo), quienes el año pasado adornaron los muros de la calle 26 entre la avenida Caracas y la NQS, convirtiendo a este corredor en toda una galería de arte callejero y un símbolo de la tolerancia.
Esta idea había surgido luego de una radiografía que realizó la Gerencia de Artes Plásticas del Idartes sobre el movimiento del grafiti en Bogotá y al posterior acuerdo al que llegaron los grupos de grafiteros con ese instituto, quienes socializaron sus proyectos con los dueños de los predios que intervinieron pues necesitaban de su autorización.
El propósito de esta iniciativa fue en su momento explicarle a la ciudadanía cuál era la razón de ser del grafiti y de esa manera comenzar un proceso de conversaciones en el que, además de generar espacios de expresión, se dejara claro cuándo hay que respetar los derechos de los demás. De hecho, eso quedó explicado en el Decreto 075 del 22 de febrero del 2013, que reglamenta la práctica artística pero también les pone límites a las autoridades.
Ahora se sabe que hay entre 4.000 y 5.000 personas dedicadas al grafitidesde diferentes movimientos: escritura, arte urbano, barras bravas y movimientos sociales de protesta, y que con cada uno de ellos hay que trabajar de una manera distinta.
                    
                     




3-24 HORAS DE GRAFFITI EN BOGOTÁ POR RETIRADA DE MURALES EN LA CALLE 26

opresivamente, el martes la calle 26 amaneció gris de nuevo. Se han borrado gran parte de los grafitis que adornaban algunas paredes. A excepción de los murales que fueron realizados con permisos oficiales, como el que tiene la imagen de Jaime Garzón, los murales han sido cubiertos con una pintura grisácea. Frente a esto, algunos líderes del grafiti han reaccionado negativamente a través de las redes sociales, anunciando una jornada de 24 horas en la que pintarán de nuevo las paredes. Ayer, jueves 27 de marzo, el secretario de Gobierno (E), Milton Rengifo, la secretaria de Cultura y algunos representantes de la Defensoría del Espacio Público se reunieron con los miembros (se les reserva el nombre) de la Mesa Distrital de Grafiti. La reunión, según la Secretaría de Cultura, fue tensa, en especial por el disgusto que tenían los grafiteros al no haber sido informados sobre la acción emprendida en dicha calle los días martes y miércoles de esta semana. Aunque los representantes oficiales, en primer lugar, trataron de calmar los ánimos, les recordaron a los escritores de grafiti que en el DECRETO 75 de 2013 firmado por el ex alcalde Gustavo Petro, se habían establecido y habilitado lugares específicos para estas prácticas. Lo curioso es que los delegados de la Secretaría de Gobierno, de Cultura y del Idartes aseguraron que la orden no partió de ellos ni del alcalde encargado, Rafael Pardo. Asimismo, aclararon que si bien fue la policía la que llevó a cabo la recuperación del espacio, esta es una tarea que le corresponde al Instituto de Desarrollo Urbano. De igual manera, el secretario de Gobierno (E) recordó: “El grafiti es una expresión artística y cultural urbana ligada especialmente a los jóvenes y cuenta con el respaldo de la Bogotá Humana". Boletín de prensa (marzo 27 de 2014).A pesar de este intento por suavizar la situación, los grafiteros ven en esto un retroceso en las relaciones que se habían alcanzado en los últimos gobiernos. Se sienten vulnerados por no ser notificados, y en vista de que en esta reunión no se llegaron a conclusiones satisfactorias, confirmaron, una vez más, 24 horas de grafiti para la ciudad este fin de semana.
Entre tanto, el alcalde encargado, Rafael Pardo, tras dos días de ausencia frente  al tema, aclaró en una entrevista a la W que el retiro de los grafitis se debe a que "se presentan abusos tremendos" y que "la idea es que haya zonas delimitadas".
                       

4-Respeto al graffiti que respeta.
 Pero en paralelo aparecen también manchones, sombras sin sentido, rayones ininteligibles que atentan contra la propiedad privada y la estética urbana. ¿Cómo diferenciar el arte del vandalismo? No se trata de abrir un debate para definir qué es estético y qué no lo es, esta discusión inició 350 años antes de Cristo en la Grecia Clásica y no nos ocuparemos de terminarla. Sin embargo, normas distritales han buscado reglamentar –Y soy escéptica sobre su efectividad– las expresiones que vía graffiti se hacen en el espacio público.
                

6-La práctica del graffiti se reglamenta en Bogotá
7-Graffiti responsable en Bogotá

Este jueves, en el lanzamiento del proyecto, representantes de la Policía, entre ellos, el general Édgar Sánchez, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá y representantes de los grafiteros, suscribirán un acuerdo simbólico para favorecer esta expresión artística en la ciudad y para una práctica responsable.
Unas 150 personas, entre funcionarios, representantes de la Policía de Bogotá y grafiteros, harán parte de la Escuela de Multiplicadores de Cultura para la Vida.
El objetivo de la escuela se estipuló según el Decreto 75 del 2013, teniendo en cuenta la libertad de esta práctica, pero también los lugares que la ciudad considera como inadecuados para su realización.
 Más de 150 personas, entre funcionarios públicos, representantes de la Policía de Bogotá y grafiteros, harán parte de la Escuela de Multiplicadores de Cultura para la Vida, con la que se busca generar procesos de formación y sensibilización sobre la práctica responsable del grafiti en Bogotá, según lo estipulado en el Decreto 75 de 2013, teniendo en cuenta la libertad de esta práctica pero también los lugares que la ciudad considera como inadecuados para su realización. Esta estrategia de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, parte del reconocimiento del arte callejero como expresión artística y cultural, para propiciar actitudes y conocimientos enfocados a mejorar la convivencia y la apropiación de la ciudad en situacionescotidianas.  
Los participantes recibirán 5 talleres teórico-prácticos, para un total de 20 horas de formación, en materia de pedagogía ciudadana y democrática, con el fin de establecer diálogos que permitan trabajar conjuntamente por el respeto de los bienes patrimoniales y culturales de la ciudad.
 
Al finalizar los talleres de la Escuela de Multiplicadores de Cultura para la Vida, se firmará un acuerdo de voluntades hacia una práctica responsable de grafiti en Bogotá por parte del General Édgar Sánchez, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá; Hugo Zárrate, secretario de Gobierno; Clarisa Ruiz, secretaria de Cultura, Recreación y Deporte; Carlos Patiño, director del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional; y de los representantes de la práctica del grafiti en la ciudad.
 
“Estamos expectantes de la firma de este acuerdo para poder manifestar que, con base en el respeto a las normas y los derechos, podemos generar espacios de reflexión y entendimiento para ser, entre todos, los garantes de la seguridad y la convivencia ciudadana en Bogotá”, indicó el Teniente Coronel Jairo Torres, jefe de la oficina de prevención de la Policía Metropolitana de Bogotá.
 
9-Bogotá, una ciudad en jaque por los vándalos:
 
El grafiti en la ciudad de Bogotá además de ser un medio para la expresión de los más diversos pensamientos y sentimientos, se ha convertido en arte plasmado en muros, pero es claro que existen expresiones de este tipo, que lejos de embellecer la ciudad, afectan el espacio público, el paisaje y el patrimonio cultural de Distrito lo que genera un mal concepto del graffitti y los graffiteros.
Todos sabemos que los derechos de una persona terminan donde empiezan los de los demás. Los graffiteros tienen derecho a su libre expresión, y los propietarios y vecinos a la protección de su propiedad y entorno.
Gozar de un ambiente sano, libre de contaminación visual es un derecho colectivo que la gran mayoría de los bogotanos estamos dispuestos a defender, o por lo menos así debería ser. Las autoridades de policía deben vigilar por el cumplimiento de las normas que regulan esta práctica como el Acuerdo 482 de 2011, de autoría del partido la U y el Decreto 75 de 2013, que promueven el grafiti como una forma de expresión artística, pero que señalan la disposición de sitios especiales para su realización; lo anterior en procura de garantizar los derechos de todos a un ambiente sano, muchas veces amenazado por la contaminación visual que los grafitis generan, por la sobre estimulación visual agresiva o invasiva que alteran los elementos arquitectónicos y paisajísticos en un sin número de sitios de la ciudad.
Es necesario que la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte y sus entidades adscritas y vinculadas promuevan campañas pedagógicas con el fin de que los graffiteros expresen sus ideas en sitios previamente concertados sin que dañen y atenten contra la propiedad privada y los bienes públicos.
En estos días, cualquier pared, muro o fachada se convierte fácilmente en blanco de los graffiteros, y ese es el problema; cuando el ejercicio de esta práctica atenta contra los elementos que constituyen el espacio público, afecta a todos los ciudadanos, pues daña y deteriorara el mobiliario que es instalado para el servicio, uso y disfrute general. Las autoridades de policía deben imponer las medidas correctivas y las sanciones correspondientes en protección del ambiente urbano.
                    

                   



8-Del manchón al graffiti. 
No sé si es solo mi impresión, pero como observadora permanente del paisaje urbano, veo con frecuencia expresiones artísticas en fachadas, paraderos, ventanas y muros que me hacen admirar la creatividad con que son elaboradas. Mensajes políticos, símbolos ocultos, policromías abstractas o frases inteligentes, afortunadamente hacen parte del panorama bogotano. Son muchos los artistas anónimos que regalan su trabajo para que en la ciudad se rompa la monotonía del gris y gracias a ello, a la magia del arte y del artista, en muchos casos se logre robar una sonrisa al transeúnte desprevenido.

El graffiti llegó a Bogotá para quedarse, y es por eso que los gestores culturales deben redoblar sus esfuerzos, para sacar provecho de esta práctica y potencializar los positivos impactos urbanos que esta trae. Nada más provocativo para los graffiteros que una blanca e impoluta fachada sobre una calle principal, por eso furtivamente aparecen transgrediendo el orden y la propiedad privada con sus intervenciones.
                        


El Grafiti en Bogotá fue, hasta 2011, una práctica para la que no existían normas claras. Ni para las entidades públicas, ni para los grafiteros o los ciudadanos interesados, era claro dónde se podía hacer uno, cuál era la sanción por hacerlo indebidamente, quién debía promover las características artísticas responsables de esta expresión, etc. 
La muerte del grafitero Diego Felipe Becerra puso en evidencia la necesidad de promulgar una reglamentación para Bogotá que aclarara el panorama y otorgara bases sólidas que rigieran las acciones tanto de los grafiteros y ciudadanos, como de los funcionarios encargados del control policivo y ambiental de la ciudad. Desde la sociedad civil, las instancias judiciales y las instancias gubernamentales se hicieron llamados perentorios para la pronta reglamentación de la actividad.
El Concejo Distrital profirió entonces el Acuerdo 482 del 26 de diciembre de 2011 que le otorgó facultades y competencias a la administración pública para la reglamentación y control de la práctica.
La Secretaría General de la Alcaldía Mayor organizó en el primer trimestre de 2012 una mesa interinstitucional para discutir y elaborar una propuesta de Decreto Reglamentario del Acuerdo 482 en la que participaron las secretarías General, de Gobierno, de Cultura, Recreación y Deporte, de Ambiente y de Planeación, además del DADEP, el IDU, el IDRD y el IDARTES. La recomendación general resultante, más allá del contenido del proyecto de Decreto mismo, fue ampliar las consultas en especial a los grafiteros de la ciudad, directos afectados por la reglamentación que se trabajaba.



Los grafitis abundan en las calles capitalinas. Alrededor de este arte urbano han sucedido varios hechos que atropellan la dignidad de quienes lo practican y se generan indecisiones de si es correcto o no, que impregnen el mobiliario urbano de lo que se autodenomina expresión artística.
Para regular la práctica, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, presentará la Escuela de Multiplicadores de Cultura para la Vida, con la que se busca generar procesos de formación y sensibilización sobre la práctica responsable del grafiti en Bogotá. 


La fórmula de trabajo es simple. Los participantes recibirán cinco talleres teórico-prácticos, un total de 20 horas de formación, en materia de pedagogía ciudadana y democrática. Esto lo hace Cultura con el fin de establecer diálogos que permitan trabajar conjuntamente por el respeto de los bienes patrimoniales y culturales de la ciudad.
 



9-Bogotá tendrá escuela para la práctica responsable del graffiti:
                    
 Vandalismo en Bogotá está entrando en una nueva y devastadora etapa.
Ahora, los ciudadanos que atentan contra lo público no se conforman con destruir señales de tránsito, pintar grafitis en sitios prohibidos y dañar paraderos, sino que la emprenden contra vías completas.
El caso más reciente es el de la avenida de Los Comuneros, en el centro de Bogotá, donde los vándalos, además de robarse las rejillas de los sumideros y las tapas de las alcantarillas, arrancaron los adoquines.

“Aquí se llevan todo. Hasta los postes de la luz”, denunció Pedro Cotrina, habitante del barrio Santa Bárbara, quien ha sido testigo de cómo los vándalos “se echan al costal los ladrillos de los andenes”.
El robo de estos elementos, además de constituir un peligro patente para los peatones, es considerado nocivo, porque facilita la entrada de basura y escombros a las redes subterráneas.

El Acueducto señaló que se buscará una solución conjunta con el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), pues esta entidad no ha hecho todavía la entrega oficial de la obra, pese a que hace más de tres años está en operación.
La saqueada avenida de Los Comuneros les costó a los bogotanos 9.800 millones de pesos, aprobados por el Concejo de Bogotá en 1995, dinero que los amigos de lo ajeno se echan al bolsillo todos los días.
Según información de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), la reposición de la reja de un sumidero cuesta 150.000 pesos, una suma nada despreciable si se tiene en cuenta que en un solo día se pueden llevar hasta veinte.